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Reflexiones tapatológicas sobre un higo chumbo, que no chungo

Publicado el Miércoles, Agosto 6, 2014 por Cosas de Comé

Un higo chumbo en todo su esplendor y ya sometido a un primer bocao. Foto: Cedida por el tapatólogo Gabriel Alconchel

A los reondos y durse cantaban los hombres rústicos por las calles. Conducían unas “amotos” (moto rústica) más viejas que el taparrabos de Tarzán. En la parte de atrás portaban dos peazos de cerones de esparto donde iba el preciado fruto.

Todos estaban morenos, no precisamente los pobres míos de ir a la playa y se tapaban con gorrillas, preferiblemente de acuadritos. Recuerdo que en el barrio la gente salía con los platos en la mano para que el hombre rústico les sirviera la “ocena”, unidad de medida por la que se vendían los higos.

No sabía muy bien si su nombre eran higos chumbos o chungos, porque los pobres míos eran de segunda división. Mientras sus primas hermanas las brevas, de suave frescor, y los higos negros, se lucían en las fruterías de tronio con el pomposo nombre de frutas de temporada, el se paseaba en serones por las calles, muertecito de calor y además con un abrigo de púas.

Siempre que mi madre salía a comprar la ocena, me enrolaba en la expedición para disfrutar de la ceremonia del pelado de los higos. Me llamaban la atención las peazos de manos de los hombres rústicos, capaces de derribar hasta un hipopótamo de una sola cachetá y como eran inmunes a clavarse las puyas…aunque yo creo que estas cuando impactaban en su piel, hasta rebotaban de lo hartas que estaban esas manos de coger higos, tagarninas, aceitunas y todo lo que se pudiera por el campo. Una vez uno relataba, mientras manejaba con destreza la navaja con la que pelaba los higos,  que una pitonisa intentó leerle las líneas de las manos y le dijo, chiquillo tu más que líneas lo que tienes aquí es la autopista Cádiz Sevilla de lo ancha que es.

Enrolarse en la expedición tenía como premio que me comía el higo de regalo que daban por la ocena en una demostración más de que el tres por dos no lo inventaron los chichinabos del Carrefú

Ya no se ven los hombres rústicos por las calles, por lo menos por los pueblos por donde me muevo, pero los higos no han dejado su carácter de segundones. No se venden en los puestos de las plazas, sino en los exteriores, casi clandestinos,  en bolsitas transparentes, que sustituyen a los platos de duralex de cuando había que llevar el envase puesto.

Pero los higos “chungos” siguen teniendo el encanto de lo salvaje, de todo lo que se come a chupetones, el encanto de que el caldo que sueltan te llegue hasta el codo. Deben de estar fresquitos y no comerte más de seis porque si te pasas te puede dar un tralará de cuarto baño.

Permitemé una solo pregunta ¿tú de que eres de los verdes o de los coloraos de final de temporada? Y segunda pregunta ¿es tapatologicamente correcto comérselos en una mousse con crujiente de sus pepitas?

Dedicado al tapatólogo Gabriel Alconchel, gran higuista.

 

14 Respuestas
  • por Carlos Luna 20 Agosto 2014 en 20:02 pm

    Enhorabuena por la mini exaltación al Higo Chumbo. Este año pienso hacer mermelada con ellos. Saludos

  • por Cosas de Comé 17 Agosto 2014 en 20:25 pm

    Gracias a tí Carmen, por tus palabras.

  • por Mª Carmen 17 Agosto 2014 en 20:06 pm

    Suscribo todo lo escrito por Pepe Monforte con respecto al higo chumbo (también llamados de tuna).Siguen estando buenos, pero se ha perdido el ritual de la navaja y el platito.
    Como respuesta si de los “blancos o coloraos”, yo soy de los blancos. Y sobre lo de la mousse sería una agresión a la idiosincrasia del higo que hay que tomarlo tal cual. Un saludo y gracias por acercarnos a tantas cosas interesantes.

  • por Cosas de Comé 10 Agosto 2014 en 22:42 pm

    Gracias Manolo por contarnos esta historia tan curiosa. Un saludo desde Cádiz.

  • por Manolo Cabanillas 10 Agosto 2014 en 21:41 pm

    Soy antequerano. También allí se vendían los higos por la calle. Tenían fama los de “la costa”. Y así los anunciaban los vendedores. Pero el pueblo contestaba: del reloj.
    El reloj es la alcazaba que preside Antequera, el reloj del Papabellotas ,cuyo entorno estaba lleno de chumberas, que daban frutos muy ricos.

  • por Cosas de Comé 9 Agosto 2014 en 19:26 pm

    Antonio, como siempre un honor leerte

  • por Antonio Cabrera 9 Agosto 2014 en 12:21 pm

    El recuerdo es grande. De pequeño en Puerto Real se cogían, para eso había que buscar una caña larga y gruesa, luego a una punta se le hacía unos cortes y se metía una mazorca pequeña pelada, con toniza se amarraba quedando un espacio para que cupiera el higo. Hecho esto al vallao y en contra del viento para que la púas no te caigan encima, recolección. Luego se barrian sobre arena hasta desaparecer la púas y seguidamente se ponían en agua un rato. Se escurrían y a cortarlos para pregonar: de Jerez lo gordos y a los reondos y durces. La unidad la ocena. Que recuerde los verdes, los moscateles (marrones) y los rojos, salvajes. Con esos se escribían en los sacos como si fuese un rotulador carioca. Para mí los mejores los invernizos los que vienen en noviembre y primeros de diciembre, mas tersos y con mejor sabor. Buenísimos

  • por Cosas de Comé 8 Agosto 2014 en 18:25 pm

    Salvador, mi madre también me contaba que mi abuelo hacia eso mismo que tu dices. Se sentaba a pelarlos e iba repartiendo entre los niños. Muchas gracias por tu comentario.

  • por Salvador Navas 8 Agosto 2014 en 17:47 pm

    Soy malagueño. Allí también se vendían por la calle anunciados por el paisano a pie de burro como “gordos y reondos”. Se vendían también por cientos. En casa de mis abuelos éramos bastantes. Mi abuelo comproba un ciento. Se los echaban en un cubo, sin pelar. La escena era mi abuelo en casa sentado en un banquillo y todos los nietos alrededor, con un cacho de pan en la mano, y él pelándolos y repartiéndolos a cada uno. Los malagueños son de mayor tamaño y los hay de más variedad de colores. Son típicos por estas fechas los puestos en la feria, colocados encima de nieve picada.

  • por Cosas de Comé 8 Agosto 2014 en 17:31 pm

    Un abrazo José María.

  • por JOSE MARIA TORQUEMADA 8 Agosto 2014 en 17:14 pm

    LOS VERDES SON MAS DULCES QUE LOS MOSCATELES. TU RELATO ME TRAE RECUERDOS ANTIGUOS
    Y AUTÉNTICOS.LOS MOSCATELES QUE QUEDAN CERCA O POR NAVIDAD SON AUTÉNTICA DULZURA.
    SALUDOS, PEPE

  • por Pepe 7 Agosto 2014 en 11:59 am

    De los verdes, por supuesto. O, mejor dicho, de “los blancos”, como se les llama en mi tierra.

  • por Andrés 6 Agosto 2014 en 20:03 pm

    Fastuoso el mantecao de higo chumbo del “Per Piacere”.

  • por Jose Garcia 6 Agosto 2014 en 19:51 pm

    GGracias por recordar con tanta gracia y acierto los grandes olvidados higos chumbos. Aun en Chipiona y Rota se ven los hombres del campo con el perfil que describes. Saludos.

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