Cosas De Comé

Ir a la página de Antonia Butrón
Categorías Buscador
Publicidad
Pulsa aquí para ir a la página de Romerijo
Ir a la página de las jornadas del Estero y la Sal
Ir a la página de Ibericar
Ir a la página de Pantalán G
Ir a la página de Conil Saborealó
Ir a la página de Montesierra
PINCHA AQUÍ Y RECIBIRAS INFORMACION SOBE NUESTROS EVENTOS
Ir a la página de Unic Hostelería
Ir a la página de Ideólogo
Ir a la página de Baelo
Pulse para obtener más detalles de la taberna La Sorpresa
Más información aquí
Pincha aquí para ir a la web de Pescados Bedimar
Ir a la página del Molino de Espera
Ir a proveedores.com
Ir a la página de Viñas del Vero

Mostos fuera de ruta

Publicado el Viernes, Noviembre 28, 2014 por Cosas de Comé

Paseo por los sitios más singulares donde se sirve el vino “salvaje”. No apto para milindris

Cristobal Brenes tras la barra del Mosto Nicolás, el establecimiento que regenta en Estella del Marqués. Foto: Cosasdecome

Texto: Pepe Monforte

Los domingos hay mercadillo en Estella del Marqués. La gente se pega un desayuno de pan cateto en la venta Las Cuevas y con el “chute” de manteca colorá en lo alto se adentra entre puestos de bragas, pijamas y “leyins” a precios increibles. Hay de todo, como en El Corte Inglés, pero menos milindreo. Lo suyo, al terminar la jornada, es pasarse por el mosto de Nicolás. En verdad, Nicolás, no se llama Nicolás, sino Cristóbal Brenes. El reina, con pantalón de los de tirantes y los sesenta ya bien pasao el mosto Nicolás en un antiguo garaje de la calle Jerez. El sitio está empetao. Ponme dos fresquitos y  Cristóbal  se acerca, sin perder su cadencia,  con dos vasos. Te pone media botella de mosto del año. Está turbio, en estado salvaje que es lo suyo. Aunque haga frío, el mosto se toma fresquito. Para calentar el cuerpo ya está el ajo caliente que se pasea entre las mesas en cuenquitos de esos que un día contuvieron crema catalana. El cuenquito, para que no digan que en estos sitios no hay estilo, va colocado sobre un plato redondo de los de Duralex con más lavaos que un coche del año 58. Para degustarlo, peaso de cuchara sopera, porque aquí, en Nicolás, todo va en plan generoso. Si te pides unos rabanitos, en la mesa te plantan un mazo entero y un cuchillo para que te los peles tú…”self service”, pero en rural.

Entre las tapas estrella unos arencones secos. Las cajas de madera que los contienen sirven luego de papeleras…aquí todo se recicla. Me pido el bacalao frito. Tiene fama. Llegan cuatro tacos de tamaño generoso coronados con un cacho de pan de telera…esto si que es maridaje. ¿tenedó?…tenes dos deos mejor para comértelo. Quema un poquito pero así, a mano, el bacalao sabe mejor. Punto de sal perfecto y jugosito. 2,70 vale la tirada. Tengo los deos con más pringue que una loncha de butifarra de Chiclana. ¿unas servilletita? solicito amable. Cristobal me planta en la barra un rollo de papel de cocina: ¡Ahí tiene! y se aleja. Desde la cocina no paran de salir platos de carne “en sarsa”, bistelitos y unas papas fritas con huevo que hacen las delicias del público que abarrota dos o tre salones encalaos de blanco que completan la estancia. Uno de ellos está “decorado” con los cordeles para tender…no faltan ni los alfileres, en una decoración que hubiera firmado hasta Gaspar de Sobrino, el que está haciendo maravillas en Vejer.

Uno de los salones comedores del Mosto NIcolás. Observese que, en la línea má actual en decoración, se usan sillas de diferentes modelos. En primer plano el "tendedero" con sus alfileres en estado de revista. Foto: Cosasdecome

20 kilómetros más pallá está el mosto del “Kiki” en Trebujena. En verdad se llama “El Correero”, pero la gente lo conoce por el mote de José Antonio Pérez, el dueño que hace de anfitrión mientras que su mujer se ocupa de la berza, el otro tesoro de la casa. Si eres “alérgico”  a la pringá hay huevos fritos con papas como alternativa y no se te ocurra pedir “nuggets” de pollo para los niños, porque aquí estas cosas se siguen llamando pollo empanao, afortunamente no ha llegado el “gilinglish”. El establecimiento ocupa un antiguo establo situado cerca de la carretera. Se ve porque hay un puñao de coches alrededor, buscadores de autenticidad, gente harta de deconstrucciones, crujientes y emulsiones de PX, buscadores de tocinos bamboleantes de pringá que encuentran aquí excusas para practicar el mejor deporte que se se puede hacer entres las dos y las cuatro de la tarde: rebañar. Si hay suerte y hay aceitunas aliñás, no hay que perdérselas, al igual que las tortillitas de camarones, nada de finitas, sino gordas y abuñoladas.

El mosto lo hacen ellos mismos. Si se puede coger plaza en la terraza mejor. Está rodeada de campo. Las mesas están vestidas con manteles de hule de los de acuadritos. Las jarras con el mosto fresquito reinan en todas las mesas. Si se es paciente al final sirven postre, unos pestiños elaborados por Manuela Aguilar, la jefa de cocina que luce, más que una flamante chaquetilla, un “yersi” verde, que es más abrigaito.

La terraza del mosto El Kiki, comer en pleno campo. Foto: Cosasdecome

Seguimos en la carretera de Trebujena. Al lado de una gasolinera, camino de Sanlúcar, otra capital del vino salvaje, está el Cortijo Ventosilla. Otro establo reconvertido en sitio para atender a los humanos. El sitio es de grandes dimensiones. Una inmensa nave a dos aguas decorada con aperos de labranza. En medio un escenario donde a veces se practica el flamenqueo. Al fondo, delante de la cocina, a modo de sitio de culto, está un gran barril que contiene el mosto de la casa. Aunque sólo llevan dos temporadas funcionando ya ha conseguido algún premio. En la cocina, a cargo de la berza, está Cecilia Pedrote. De atender al público se encarga su hijo Francisco. Fuera, en un patio trasero, pasean gallinas, pavos reales y algún que otro pájaro de pluma.  Están acostumbrados al paseo de humanos y parece que hasta hacen intención de saludarte. Hay incluso una plaza de toros. La verdura viene del huerto y Francisco se llega hasta la lonja de Sanlúcar a por el pescao. Tienen también una brasa de carbón que, además, da calorcito a la estancia. Hay ajo campero, berza, menudo, albóndigas, carrillá…y unas croquetas del puchero bien rellenas de carne, que Cecilia es generosa en lo que es darle sustancia a las ovoides. La sobremesa se prolonga con el cafelito y para los de madrugar ponen también desayunos con pan cateto traido desde la meca del miajón de la provincia, Alcalá de los Gazules.

Interior del cortijo Ventosilla. Foto: Cosasdecome

Entramos en el barrio alto de Sanlúcar. Los domingos la cosa se pone a rebosar. Los lugareños se alternan con la gente de fuera que viene a conocer experiencias auténticas…y baratitas.  Te llegan a ofrecer vaso de mosto y tapa por sesenta céntimos. Uno de los más veteranos, el bar Los Aparceros, reparte ajo caliente entre la concurrencia. Sólo hay barra, nada de mesas y de comer el ajo y nada más. Es buen sitio para empezar la peregrinación. Luego, un par de calles más arriba el bar Navarro: Hasta arriba, tanto el comedor como la barra. Las fuentes de pescao frito cruzan la estancia como los grandes trasatlánticos surcan el oceano.  Frituras de manual: acedías, chocos, adobo. Entre las mesas se pasea un vendedor de dulces, vendiendo cajas enteras entre la concurrencia.

En la calle “Trabajadera de Segunda”, la Herrería de Paco Felix. Ya abren todo el año. No participan en la ruta…están fuera de ruta. Era una antigua herrería. Los aperos decoran las paredes de la estancia, alternándose con un antiguo reloj y grandes carteles de corridas de toros. Los más afortunados han conseguido mesa en el patio, pero la gente se acomoda donde puede. Hay que acercarse a la barra. Primero porque alli, escritas a tiza están “las especialidades del día”…cocina de mercado: pescao frito, la berza, la carne en tomate…todavía no tienen tataki de atún. Desde la barra, tras la que están los barriles con el mosto, se ve la cocina, como en los gastrobares modernos, lo que pasa que en vez de una niquelada superficie de aluminio, se ve un mueble de cocina de los que aparecián en Cuentamé…pero en los primeros capítulos.

Un vendedor de dulces vende la mercancia "por cajas" en el interior del bar Navarro. Foto: Cosasdecome

Imagen de la barra de la Herrería de Paco Félix. Al fondo puede verse la cocina, a la vista del público. La imagen es de 2010. Foto: Cosasdecome

El público recorre los mostos como la gente de Sevilla recorre las iglesias en Semana Santa, lo que pasa es que aquí nadie va de mantilla…aunque más de uno termina con un gran mantillazo a eso de las cuatro de la tarde. Este año hay nostalgia porque no ha abierto uno de los más populares, el de “El abuelo Enrique” de la calle Menacho.

Ya tirando para Chipiona, en la carretera de la Reyerta, nada más salir de Sanlúcar, está otro sitio singular, la peña gastronómica La Corina. El nombre de Corina no se debe a quien ustedes creen sino a una vaca que contestaba a este apelativo. Su cornamenta (la de la vaca) preside la entrada al salón principal del mosto. Tienen hasta aparcamiento propio, para que nadie se queje…como los grandes restaurantes. A la entrada puede verse la terraza con mesas y sillas recicladas y un salón con barra donde está el barril de mosto y se guisan las especialidades de María Alhambra, la cocinera. Suelen tener el “ajopapa”, la versión sanluqueña del ajo caliente. En ella el pan asentao se sustituye por papas cocias para hacer la sopa contundente. Ahora, de todos modos, el plato estrella de la casa son los “huevos escondios”, una fritá de papas coronada con huevos de campo, que se camuflan debajo de una “vegetación” de cebolla, pimiento, morcilla y chorizo. Para el postre, arqueología gastronómica, una poleá que María prepara con la receta de la familia.

En El Puerto, en el casco antiguo la bodega de Obregón. A media luz, con los barriles como decoración, también suele estar muy concurrida los fines de semana. En la puerta los vendedores de marisco están dispuestos a poner el aperitivo. Para acompañar el mosto hay algunos guisos de cuchara. Es uno de esos sitios donde se cuida el vino.

La ruta fuera de ruta termina en Olvera, en cuesta. En la del Matadero está la bodega de Ambrosio. También hacen su propio mosto con la peculiaridad que es de uva “perruno”, una variedad que ahora la familia Bocanegra, que regenta el negocio, quiere recuperar. Hay un pasillo con barriles y una barra donde se aposta la parroquia con los vasos de vino. De comé, nati de nati. Si es temporada de aceitunas, las tienen aliñás y, si no, pues unas avellanas…evidentemente te las pelas tú.

Las direcciones y teléfonos de los establecimientos se pueden encontrar en la guía del mosto de 2014. Verla aquí.

La bodega de Obregón en El Puerto de Santa María. Foto: Cosasdecome

 

 

3 Respuestas
  • por Cosas de Comé 30 Noviembre 2014 en 19:50 pm

    Tia Lou y Charo, muchas gracias. Los sitios son una maravilla. El mérito es de todos los que nos ayudais cada día a encontrar sitios así.

  • por Charo Barrios 30 Noviembre 2014 en 11:02 am

    ¡qué bonito reportaje! Me ha encantado Pepe.

  • por Tia Lou 30 Noviembre 2014 en 10:04 am

    Desde luego Pepe, lo bordas, como siempre. Desde el titular, porque efectivamente no son aptos para milindris hasta esta capacidad tuya de no perder ni un detalle, ni un rinconcito peculiar que tenga que ver con el comé y el beber en la provincia de Cádiz. Un abrazo.

Deja un comentario:

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>