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Benalup en cinco ventas

Publicado el Jueves, Octubre 17, 2013 por Cosas de Comé

Los alrededores de esta población de La Janda permiten disfrutar de versiones auténticas de estos establecimientos de carretera que conservan desayunos “quitahambres”, tiendas de productos típicos y guisos “sin deconstruir”

Exterior de la Venta Correro, en el paraje de Las Lagunetas. Foto: Cosasdecome

Texto: Pepe Monforte

No esperen encontrarse ningún crujiente, el único, el de la corteza de los panes de telera que te ponen cucurruito para desayunar. El viaje empieza en Las Lagunetas, un paisaje casi de película situado en una carretera comarcal que te lleva desde la autovía de Los Barrios hasta Benalup. La primera parada es en el kilómetro 10 de la carretera. Antes para abrir el apetito no viene mal darse un paseo por un puente de madera construido encima del pantano del Celemin. El sitio es de foto, al igual que los desayunos que te ofrecen por la zona.

En Las Grullas Viejas, un establecimiento situado a la entrada de Benalup, viniendo desde Medina, te pueden poner para acompañar el mollete hasta tortillas a las francesas rellenas. No faltan en el plato queso fresco, embutido de jamón cocido y todo tipo de mantecas, además de un estupendo aceite de los que pican un poquito que traen desde Córdoba, y todo por dos euros, vaso de café con leche incluido. No se quedan atrás en el Cortijo Los Monteros, otra venta situada antes de llegar a Benalup. Allí gastan el pan de telera de la Venta El Soldao, también de la misma familia. La sorpresa viene porque al lado del café te sitúan un peaso de plato con la pringá de la berza para que te sirvas a discrección y adornes con joyas como el tocino, el chorizo o la morcilla la rebaná de pan recién tostaita (más información aquí).

El plato con pringá que ponen para desayunar en el Cortijo Los Monteros. Foto: Sebastián Gómez.

 

 

Volvemos a la primera parada. La Venta Correro te saluda con una especie de casa de montaña. Por un momento te crees que estás en un país escandinavo, pero las dudas se acaban pronto, en cuanto ves a la entrada un cartel que dice “productos de la Sierra”.  Efectivamente estos se aparecen en la barra, como mandan los cánones de las ventas de carretera. Las teleras de pan cateto forman montaña a los pies de una imagen de la Virgen…es verdad, son milagrosas. En frente, en un expositor desvencijado, que causaría la dimisión inmediata de cualquier jefe de medio pelo de los carrefures, hay expuestas en “besadelicias” unos buenos salchichones y alguna butifarra. Huele a guiso de venao en salsa, una provocación aunque no es hora. En el salón interior unas estanterias contienen desde lebrillos con “utiles del potaje” como habichuelas o garbanzos a granel, sillas de enea o hasta una pajarera hecha por manos artesanas. En la barra, por no faltar, no falta ni la pareja de la Guardia Civil que da buena cuenta de una de filetitos en salsa…mojan pan, España está tranquila.

En las paredes cabezas de venados y un letrero que acredita que la venta se fundó en 1958. La pusieron en pie Diego Correro y Beatriz Toledo. Hoy el testigo lo ha recogido su hijo Alfonso y Beatriz le pasó “la herencia” a su nuera Esperanza Quijano en forma de recetas de jabalís en salsa, filetitos de venado al ajillo o el arroz con conejo. Antes recomiendan el “escándalo”, una ensalada de “creación” de la casa que lleva queso y tomate aliñado con aceite de acebuchina y un poquito de pimienta.

Interior de la Venta Correro. En primer plano legumbres y chacinas expuetas para la venta. Al fondo pueden verse las teleras en la barra. Foto: Cosasdecome.

A pocos metros la segunda parada. La arquitectura no es tan espectacular. Los finos lo definirían como un edificio funcional. El saludo es una tienda de frutas donde se exhiben calabazas con las que hubiera soñado Chicho Ibáñez Serrador. Detrás unos sacos de papas y unos grandes boniatos, que es el tiempo. La barra, aunque todavía no es hora oficial de tapeo, registra ya una buena entrada. Reina la carne en salsa “panidada” con sus rebanás de pan de la zona y papas fritas.

 

Para Enrique Estudillo y Juana Guerrero, un matrimonio de esos entrañables que superan ya la sesentena, es un día especial este sábado 12 de octubre, día de la Hispanidad, fiesta nacional le quieren poner ahora los de la bandera “de conveniencia”. Han hecho por primera vez, después de los calores del verano, su famoso cocido. Así se conoce por la zona una berza de tagarninas de esas de aromas de tarde “lluviendo”.  Enrique y Juana traen un ejemplar para la foto. Suelta humo, como si fuera el botafumeiro de la Catedral de Santiago, pero no huele a incienso, huele a plato hondo. Viene coronado, además del tocino bamboleante, en estado de semisolidez, por una rodaja de tres deos de gorda de morcilla. El cocido será el rey del invierno y cuando se acaben las tagarninas lo harán con habichuelas verdes y calabaza. En la venta Estudillo, fundada por el padre de Enrique en 1955, se come también venado y pollo de campo con arroz.

Enrique Estudillo y Juana Guerrero con su famoso cocido. Foto: Cosasdecome

 

 

La ruta de las ventas continúa ya “al otro lado” en las pedanías de San José del Malcocinado y Los Badalejos. Oficialmente pertenecen a Medina, pero están más cerca de Benalup y,  además, para las ventas no hay término municipal. Quizás el más singular de estos sitios sea el más joven en el tiempo, la venta El Casarón. Se aparta un poco del concepto de venta tradicional. Casi no se ve desde la carretera, pero los “expertos” en bujios que hay que visitar se conocen a la perfección el pequeño cartel de madera que anuncia el portento. Por fuera es una casa antigua cubierta con cañas. Dentro una chimenea y unos manteles de hule de vivos colores hacen entrañable la estancia, pero ya Pedro Cepero, uno de los propietarios, se encarga de encandilar del todo a los clientes. De lo de comer se encarga Enrique Torres, ingeniero. Se pegó un montón de años en la mar y se ha leido todos los libros de cocina y gastronomía del mundo, pero además es capaz de verter todo lo que sabe en los platos. Hay que probar su empanada de masa fina y relleno generoso. Su última creación es la de chipirones, aunque la más famosa es la de sardinas. El rey de la casa son los huevos fritos con papas, huevos salvajes, los llaman en el establecimiento. Se sirven por “colleras”, de dos en dos. Huevos de campo, más que yema, lo que tienen es una crema. Cuando se moja en ella el pan del Puerto de La Pará, que tienen para acompañarlos, la sensación es dificil de olvidar. Para guarnecerlo fritá de papas, un pisto de verduras y unas lonchitas de embutido “besadas” por la plancha, poquito más. Aunque se puede comer también pollo de campo, en la carta se pueden encontrar sutilezas como un caldo de setas o unos postres cuidados.

Los huevos "salvajes" como se llaman en la venta a los huevos fritos con papas, pisto, y chacinas. Foto: Cosasdecome

 

 

Los monumentos continúan en la Venta El Soldao, un nombre ya mítico en el manual de ventas de carretera de la provincia de Cádiz. El guiso de arroz de Teresa Montero enamoró incluso al premio nobel Gacía Márquez. Recibió la medalla al trabajo y todavía, a pesar de sus más de 80 años sigue dándose su vueltecita por el establecimiento. Lo de “El Soldao” viene por su marido. Una terraza con sillas de madera te dan aviso ya de lo que hay. Dentro, una barra pequeña, alta, con solera, como las bodegas de Jerez. Del techo cuelgan las chacinas y en un expositor de cristal se exponen las mantecas de la casa, prodigios en colorao o en blanco para embellecer las teleras que hace la familia y que ya se “exportan” incluso hasta el mercado central de Cádiz. Sería la foto perfecta para la venta típica de  Cádiz.

El arroz, de la marca Signo, se prepara con pollo de campo, con perdiz, con faisán o con conejo (ver aquí la receta). Lo sirven en un lebrillo de barro y lo sorprendente es que el primer plato te lo comes caldoso y el segundo meloso, porque el arroz, que es más listo que nadie, se va chupando en el lebrillo un poquito del caldo inspirado por Teresa. Su hija María de la Encina se encarga de que todo continúe igual en los dos salones donde la gente se sienta a comer.

La barra de la Venta El Soldao, presidida por una alacena de las antiguas y chacinas colgando del techo. Foto: Cosasdecome

 

 

En la otra pedanía, en San José del Malcocinado, la familia tiene también el Cortijo Los Monteros, una finca de estructura brillante. Además del desayuno de la mañana, la Venta tiene muchos más atractivos. En una esquina la tienda, bien surtida con chacinas, aceites y dulces de la zona. Al otro lado un vistoso comedor adornado con antigüeadades. En lo que es comé hay, además del arroz que se prepara igual que en la casa madre de El Soldao, carne de retinto y también zorzales, un plato de caza ya dificil de encontrar.

Las direcciones, teléfonos, localización exacta y más datos  de los establecimientos que salen en el reportaje las puede encontrar en la guía gastronómica de Benalup. Pulsar aquí.

Interior del Cortijo Los Monteros, decorado con muebles y objetos antiguos. Foto: Cosasdecome

El arroz con pollo de la Venta El Soldao. Foto: Cosasdecome

Interior de la Venta El Casarón con el techo de cañizo y la sala presidida por una gran lámpara. Foto: Cosasdecome

 

 

 

 

 

 

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