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La prueba de la pulguita

Publicado el Sábado, Marzo 6, 2010 por Cosas de Comé

Foto: Lola Monforte

Foto: Lola Monforte

Cada vez que entro en un restaurante siempre hago la misma prueba, la de la pulguita…y nunca falla. Mi primer movimiento cuando el camarero pone la mesa es echar mano de la bandejita en la que están el pan y los picos. Si el pan está en su punto, comeremos bien y si la pulguita, el cundisito, la chapatita, o las rebanás de pan de telera están gomosos como la masilla de las ventanas ya puedo ir temiéndome lo peor. Seguro que no comeré bien.

Les invito a hacer la prueba y verá que nunca falla. Pan malo, comida mala. Pan en su punto, salsa sabrosona. Yo creo que el cocinero que es consciente de que ha hecho una buena salsa, no puede fallar luego en su acompañante natural, el pan pá mojá.

El otro día en un bar cuyo nombre callaré respetuosamente nos trajeron una pieza de pan con menos color que una foto en blanco y negro y más dura que los muros de contención del canal de Suez. En teoría tenían que sumergirse luego en una salsa casera de filetitos. Lo primero fue que las rebanás de carne en vez de venir acompañadas de la suculenta patata frita, la mejor guarnición del mundo, venía con una menestra de lata y digo de lata porque lo que habían hecho era cogerla de la lata y tirarla al plato, ni si quiera un ajito le habían puesto para que aquello tuviera algo de sabor. Recuerdo especialmente una media alcachofa que más que para comer podía servir perfectamente para rascar una pared. En cuanto a los bisteles les diré que se estiraban como un acordeón y terminé diciéndole al camarero si me podía traer un hacha para cortarlos porque en vez de ser de ternera de Avila como rezaba la carta tendrían que ser de nutria de Polo Sur. El pan les había delatado. Prefiero no hablarles del cazón en adobo y del flan casero que venía en un vaso, en cuyo fondo podía leerse sospechosamente “Postres Montero”…No pedí café.

Sin embargo, días antes, en otro establecimiento, el camarero empezó la jornada con una minichapata crujientita, un poquito caliente todavía de haber recibido un suave y reconfortante toque de horno. Empezamos por unas papas aliñás para ponerles un monumento, con su aceitito de oliva verdoso, un toquecito sublime de vinagre de Jerez y un picaito de perejil y cebolleta que hasta bailaban por bulerías cuando los pinchabas con el tenedor. Después llegó hasta nosotros una merluza en salsa verde en su punto de cocción. La rodee de barquitos de pan mojaito en salsa. Aquello en vez de una ración de pescado parecía la flota pesquera de Barbate en formación. El pan había adelantado que ibamos a comer bien. El panidaje había funcionado.

Les invito a todos a hacer la prueba de la pulguita. A pellizcar el pan nada más llegar a un restaurante. Verá que nunca falla, como el algodón, no engaña.

Pepe Monforte

Una Respuesta
  • por Eddy 9 Diciembre 2010 en 14:03 pm

    Desgraciadamente la primera parte de su comentario se repite en muchos sitios y no estaría mal poder dar pistas para no ser protagonista inocente de tan tremendo asesinato culinario.

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