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La historia del caballero Guerrita

Publicado el Jueves, Junio 14, 2012 por Cosas de Comé

El conocido hostelero sanluqueño Manuel Guerra se jubila y su hijo Armando se hace cargo de la taberna, uno de los  sitios de más prestigio de la ciudad en el cuidado de los vinos

Foto: Cosasdecome

Texto: Pepe Monforte

La primera copa de manzanilla la probó cuando todavía su edad no había llegado a los dos dígitos. Su padre, arrumbaó de profesión y luego tabernero, se la dió a probar. Aquella experiencia le tuvo que gustar al joven Manuel  Guerra Rodríguez porque desde entonces su vida ha estado ligada al vino.

Lo del Guerrita es una herencia de padre que, a su vez la heredó de su abuelo Joaquín, que era el más pequeño de los hermanos Guerra, del ahí el apodo.

Pero “El Guerrita” lo ha sabido usar y de apodo familiar ha conseguido convertirlo en “marca”, un sinónimo de prestigio en Sanlúcar, donde la taberna del Guerrita, enroscada en el barrio marinero, es uno de los templos donde los más sibaritas alternan con los parroquianos,  que se toman un vaso con “arvellanas”.  Todos los días igual y a la misma hora, como si tuvieran un tratamiento.

La Taberna del Guerrita merece una visita más que de bar, de museo. Aunque lleva mil y una obras de mejora, el local tiene la “solera” pegá y esa no se la quintan ni mil capas de pintura. En el pequeño salón de la entrada, frente a la barra, el altar del Guerrita, donde se exponen “al culto” las manzanillas, unos bancos de madera, bastante raspaos, confirman la edad del establecimiento.

Lo fundaron Manuel y su mujer Mercedes Monge allá por 1978. En el sector bodeguero se vivían tiempos complicados. Había huelgas y el arrumbaó no lo veía claro. Así que decidió seguir los pasos de su padre y quiso asegurarse el bienestar de la familia, 5 hijos, abriendo una taberna en la calle Rubiños. En el fondo era el sueño de su vida. Ayudaba a su padre de chico a atender los bares de “La Barbiana”, las tiendas de vinos que por entonces regentaba la familia Rodríguez Lacave. El padre del Guerrita trabajó en sus comienzos en la mítica Barbiana que está en la plaza del Cabildo, la de las papas aliñás con unos peazos de melva como la cubierta del portaeronaves Prínicipe de Asturias. Luego se fue para Morón a abrir otra “Barbiana” hasta que al final se atrevió a abrir su propia taberna, en la calle Bolsa, que cerró en 1995.

Interiior de La Taberna del Guerrita. Foto: Cosasdecome

 

 

Guerrita trabajaba por las mañanas en Delgado Zuleta, le ayudaba a su padre en lo que podía y luego se metía en su taberna de la calle Rubiños. Pero huye de considerarse un heroe ni un trabajador ejemplar. Confiesa que este mundo le apasiona. Qué disfruta repasando los toneles para ver si los vinos descansan en paz y charlando con su  hijo, Armando, que recoge ahora su testigo. Los dos son capaces de resumir un vino con solo mirarse los dos.

Describir la taberna del Guerrita te puede ocupar casi un libro. En su interior, repartidas en dos vitrinas, apretujás como si fueran en un autobús en hora punta, descansan, eso sí, perfectamente alineadas, más de 200o miniaturas de botellas que ha ido coleccionando desde los catorce años. La primera llegó cuando el Guerrita tenía 14 o 15, la edad en que lo quiere uno conocer todo. Estudiaba en La Salle y  los llevaron a visitar las bodegas del Tío Pepe en Jerez. Las botellas del estuche que le regalaron a los escolares fueron las primeras de la colección. Manuel destaca que hay verdaderas joyas como una gran colección de botellines que se hicieron especialmente para la Expo de Sevilla de 1929.

Más joyas, ya detrás del mostrador. Las pequeñas botas lo llenan todo. Cada ampliación del bar, que a lo largo de los años ha ido engullendo los locales adjuntos de una juguetería, un kiosco, una carnicería y un asador de pollos, ha traido consigo más botas. Entre los barriles el de los “toneles gordos” la marca “para los amigos” de la bodega Delgado Zuleta, una manzanilla de las que en Sanlúcar se llama pasadas y que son para paladares que conocen lo que beben, más profundas de sabor, con más color. Además lucen un par de amontillados por los que el dueño siente verdadera devoción y algunas  “debilidades” del tabernero como un pequeño barril de Oporto y otro de Tintilla de Rota.

El "altar" de la taberna con las botas de vino. Foto: Cosasdecome.

 

 

En El Guerrita se habla de vinos y se va a tomar vinos porque la tercera joya del Guerrita no se vé. Está detrás del escenario, en la cocina. Mercedes Monge tiene 58 años. Es de familia de carniceros. Ella es la que le pone compañía a las copas: unas huevecitas de merluza aliñadas con un vinagre de Jerez de esos que podrían embotellarse perfectamente en tarritos de perfume, unas tagarninas esparragás con su huevo cuajao, un pulpo muy especial,  y un guiso de pintarroja o mero, si hay, al pan frito, que se cocina “bendecido” con medio vaso de manzanilla.

Las pijotas y las acedías fritas tampoco faltan porque son de eso que se llaman “imprescindibles” de Sanlúcar.

Pero la historia del caballero Guerrita pasa a segundo plano. En marzo se jubiló tras 34 años al frente del barco. Deja capitán, su hijo Armando, 37 años. Licenciado en derecho, master en gestión de empresas, enológo por la Politécnica de Madrid y…tabernero. Debe ser el gen oculto de la familia. “Mi Joaquín”, dice el Guerrita padre, también ha seguido la senda y tiene un restaurante en la zona de La Jara, la Sacristía.

Mercedes Monge y Manuel Guerra junto a su hijo Armando. Foto: Cosasdecome

 

 

Armando es de esas personas que no pueden estar quietas. Es un apasionado de los vinos. Más que beberlo, lo vive, lo analiza, lo parte a pedacitos y luego le saca poesía cuando lo define. En la entrevista con su padre no para de meter la nariz en una copa grande, de las habituales de los vinos tintos. Defiende esta copa para beber manzanilla “porque le da más aire, se expresa mejor”. Parece que más que beber, habla con el vino. Es él elque ha puesto en marcha la cuarta joya del Guerrita, una tienda vinos situada en la trasera de la taberna y que cuenta con una completísima colección de jereces y manzanillas. El nombre la sacristía del Guerrita y el argumento más de 200 marcas de vinos, casi todos andaluces, “excepto algún caprichito”, señala risueño. Es de los pocos sitios que tiene los vinos del afamado “Equipo Navazos”, casi unos “filósofos” de los jereces que sacan colecciones seleccionadas de vinos que causan sensación entre los paladares más educados en la cuestión.

La idea de Armando es “mantener intacta la taberna porque a esto no se le puede tocar”. La innovación vendrá detrás, en la sacristía de los vinos donde quiere ahora poner en marcha un pequeño comedor, con capacidad para un máximo de 8 personas, donde se come rodeado de estanterías repletas de vinos de Jerez.  En “la sacristía” se ofrecerán menús degustación de vinos a los que se les buscará acompañante perfecto en productos de la provincia de Cádiz. A esto se unirán catas y diversos actos siempre con el vino como fondo, que seguirá siendo la pasión de los Guerrita.

Localización, horarios y más datos de la Taberna del Guerrita, aquí

La sala de catas de El Guerrita. Foto: Cedida por la Taberna El Guerrita

Una de las vitrinas con botellas. Foto: Cosasdecome

 

 

2 Respuestas
  • por Cosas de Comé 19 Junio 2012 en 8:07 am

    Magnífica afición Charo la de la manzanilla en rama. Gracias por tus palabras y me alegro de que te haya gustado el reportaje.

  • por charo barrios 18 Junio 2012 en 22:43 pm

    Estupendo reportaje Pepe. Por cierto hemos tenido la suerte de conocer tanto la taberna como la sala de catas. Desde entonces me he aficionado a la manzanilla en rama.

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