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El restaurante de las fiambreras

Publicado el Sábado, Junio 4, 2011 por Cosas de Comé

El Castillo de Medina se caracteriza por ser uno de los establecimientos más generosos de la provincia por el tamaño de sus raciones. Su chuletón puede llegar a pesar más de dos kilos y su pijama, el postre estrella, contiene 8 especialidades

La familia Ballesteros González con algunos de sus impresionantes platos. Observese la gran fritá de papas que acompaña a una generosísima ración de venao en salsa. Foto: Cosas de Comé

Texto: Pepe Monforte

 

La fritá de papas que lleva cada plato puede superar perfectamente el medio kilo de peso. Nada de papas congelatis, papas fritas de verdad. Lo único que ha cambiado con el tiempo es que las corta una máquina porque un fin de semana de esos redondos se pueden llegar a freir cerca de 2oo kilos.

Juan Manuel Ballesteros González ya advierte a los comensales a la hora de pedir, pero todos, cuando ven venir la fuente rien divertidos. No es para menos, la fuente de blanco inmaculado es más grande que el más grande de los platos que sirven en uno de estos restaurantes minimalistas…la única y fundamental diferencia es que aquí la fuente llega hasta arriba.

El establecimiento está tan acostumbrado a que nadie pueda terminar con las raciones que tiene preparadas las fiambreras para que el comensal se lleve para casa lo que ha sobrado y así lo pueda disfrutar.

Lo cierto es que la generosidad de sus raciones, el precio muy asequible y la calidad de los platos ha hecho que El Castillo se haya labrado fama como sitio singular de Medina.

El lugar está algo escondido, en la parte alta de la población, en la calle Ducado de Medina, por detrás del castillo que da nombre al establecimiento y donde también se encuentra la Iglesia Mayor. Pero nadie de la ciudad desconoce el sitio así que con una sola pregunta se llega con facilidad.

José Manuel Ballesteros está enfrascado en dar un toque “de distinción” al negocio de la familia. Bajo su dirección se puso en marcha en 2009 un hotel rural de pocas habitaciones pero con unas vistas estupendas de toda la campiña que rodea a Medina. Hay incluso un comedor privado en el primer piso. También ha remodelado las cocinas, para que su madre, Manuela González, el alma del negocio, pueda trabajar más comodamente y ha arreglado la zona de barra y el comedor principal dándole un aire más acorde con los tiempos. El próximo paso es cambiar los manteles de papel por otros de tela y trata de estar a la última para tener una cuidada carta de vinos. Sabe de la dificultad de los tiempos y quiere que su establecimiento sea conocido por más cosas además de por la generosidad de sus raciones. El próximo objetivo es construir una terraza en el exterior, junto a un pequeño aparcamiento que tiene el hotel y lo único pendiente será entonces el comedor del mirador, con una de las mejores vistas de la ciudad.

Pero Ballesteros es consciente de que lo que no puede hacer es romper con la tradición y por lo que le ha dado fama durante las últimas décadas: “Nuestro interés por modernizarnos y mejorar el servicio al cliente no va reñido con lo que siempre ha marcado a este establecimiento la generosidad de sus raciones y la cocina tradicional, la de toda la vida, la de los guisos esos que sólo puedes disfrutar en un establecimiento de pueblo”.

1969. Los comienzos en el Club Victoria

La historia del  Castillo comienza allá por 1969 en la calle Hércules de Medina donde estaba el Club Victoria. José Ballesteros Ragel, 68 años tiene ahora y está ya jubilado,  trabajaba en la construcción. Manuela González González, su mujer, 57 años, se ocupaba de la casa. José enfermó y la familia se vió obligada a buscar ingresos para su casa. Así que Manuela González, con la ayuda de José, se atrevió a dar el paso y se hizo con el bar del club. Compró una caja de Coca Cola, no había para más, unos cuantos kilos de carne de cerdo para hacer pinchitos y unas caballas asás y allá fue.

Lo cierto es que Manuela siempre ha tenido buena mano para la cocina y una voluntad de hierro que le han ayudado siempre ha soportar todas las dificultades y montar el negocio que ahora tiene la familia. Las cosas van bien y del Club Hércules pasan a regentar el bar da la Casa de la Juventud pero el gran salto y donde comenzó a forjarse la leyenda de El Castillo fue cuando el matrimonio se hace con la gestión de la mítica Venta del Carbón situada al pie de la carretera por la que se asciende a Medina y en local emblemático de la localidad.

Manuela comienza allí a hacerse famosa por sus guisos de venao en salsa, la carne en salsa, el cordero al horno, el faisán en su jugo y con arroz y por sus postres caseros. Sin embargo, la mala suerte se ceba otra vez con la familia y por un problema con el dueño del local tiene que dejar la venta. Los Ballesteros González encuentran la solución en un pequeño local que tenía la familia cerca del castillo. Estaba algo escondido pero la fama que habían adquirido los guisos de Manuela hacen el milagro y los clientes, cuando llegaba el fin de semana, hacían hasta cola para entrar y comerse las generosas raciones del establecimiento. Hoy en día José Manuel advierte que si se quiere acudir un fin de semana lo mejor es reservar mesa “porque solemos estar llenos, de todos modos siempre hay que esperar”.

Venado en salsa del restaurante El Castillo. Foto: Cosas de Comé

 

 

La leyenda de El Castillo empieza a extenderse por la provincia y las fiambreras en las que los clientes se llevan la comida que sobra son comentario habitual entre el ejército de gaditanos que tiene como afición ir de ventas los fines de semana. Los platos generosos siguen siendo la característica principal del establecimiento. Juan Manuel saca de la cocina un “chuletón” de carne de retinto. La compran a ganaderos de la zona de Medina. El corte ocupa una fuente de las de aluminio. Ballesteros destaca que la tienen que servir en esa fuente porque no han encontrado ninguna de porcelana que sirva para poder alojar a semejante bisté.

La prueba definitiva llega cuando José Manuel pesa la pieza y está alcanza los 2 kilos y 300 gramos. “Nosotros lo ponemos para una persona, aunque logicamente advertimos que el plato lo pueden compartir perfectamente entre cuatro. En los días que no tenemos bulla a los clientes le ponemos incluso una pequeña plancha en la mesa para que se lo coman a su gusto y si es de esos días en que no paramos ya lo traemos cortado de la cocina para que sea más fácil comerselo”. Pero la guarnición de papas fritas es también descomunal. No se queda atrás una ración de venao en salsa que Manuela prepara con verduras cortadas también de forma generosa, al igual que los trozos de carne y el trozo de carne de cochino al horno pesa más de 600 gramos.

Juan Manuel Ballesteros muestra un chuletón de retinto de los que se sirven ens us establecimiento. Foto: Cosas de Comé

 

 

Los platos más famosos del establecimiento son el conejo con arroz, el faisán guisado en su propio jugo y el cordero al horno. Ahora, el establecimiento cuenta con hornos especiales para poder atender la demanda pero al principio, cuando la cocina era muy pequeña los fines de semana Manuela tenía poner en su casa el despertador cada dos horas para ir cambiando las piezas que se iban haciendo durante toda la noche, un verdadero suplicio.

El arroz se prepara con conejo, con pollo de campo o con faisán. Foto: Cosas de Comé

 

 

El Castillo sigue conservando otro de los platos que se hicieron famosos en las ventas de la provincia “el pijama”, una especie de surtido de las especialidades de la casa pero que en El Castillo es todo un festín con el que comería perfectamente un persona, sin comer nada antes. Hay dos especialidades, el pijama casero con 9 especialidades tan curiosas como una calabaza o un boniato en elmibar (ver receta aquí) y que incluye un tocino de cielo y un flan. La otra posibilidad es un pijama “mixto” que contiene una amplia muestra de tartas caseras.

Una muestra de los "pijamas" del restaurante El Castillo. Foto: Cosas de Comé

 

 

De todos modos nunca se tendrá la sensación de haber desaprovechado el dinero ni la comida ya que practicamente la totalidad de los clientes salen del local con su fiambrera con lo que ha sobrado y así poder disfrutarlo en casa.

Juan Manuel introduce parte de una ración de venao en una fiambrera para que el cliente se la pueda comer en casa. Foto: Cosas de Comé

El restaurante El Castillo está en la calle Ducado de Medina número 3. El teléfono es el 956410823 y abre todos los días para desayunos, almuerzos y cenas.

 

 

Una Respuesta
  • por Rufino 8 Junio 2011 en 0:30 am

    Doy fe de ello. Conozco este sitio desde antes de la reforma, cuando pasabas por la cocina para comer en ‘el mirador’ que habia detras de la barra.

    Siempre que he ido he pedido un plato distinto, y cada vez quedo más y más sorprendido. Lo recomiendo.

    En los postres, aconsejo probar las naranjas en almibar…

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