En la década de los 60 era una de las barras y las terrazas más concurridas de Cádiz. Por entonces no existÃa el Paseo MarÃtimo y la Plaza de San Juan de Dios, junto a otros establecimientos sueltos del casco antiguo, era el principal exponente de la gastronomÃa de la ciudad. «HabÃa dinero» dice gráficamente uno de los camareros del establecimiento.
El Caleta, otro de los clásicos de la Plaza de San Juan de Dios, cerraba sus puertas en 2005. En la segunda mitad del siglo XX pugnaba con Samuel y El Sardinero, el único que sobrevive, por erigirse como el mejor de la zona. Entre otras cosas, este establecimiento pasará a la historia de la ciudad por la personalidad de su barra, que reproducÃa uno de los vapores que cruzaban la BahÃa de Cádiz entre El Puerto de Santa MarÃa y la capital.
Hasta su cierre mantuvo en perfecto estado de revista, pintado de color beige, el barco. Encima de su casco estaba situada la barra y dentro se situaban los camareros. Se habÃa cuidado hasta el último detalle. Estaban las puertas que daban paso a la zona de máquinas y sobre las paredes colgaban los salvavidas.
El Caleta se abrió a principios de los 50. El establecimiento funcionaba desde los años 20 en manos de Emilio Garay un empresario gaditano que decidió venderlo para marcharse a hacer fortuna a Méjico.
Lo compró por 250.000 pesetas ValentÃn GarcÃa Calzado. Hasta entonces, este empresario gaditano, ya fallecido, habÃa trabajado de la mano de Mariano González, una institución en la hostelerÃa gaditana ya que por sus manos pasaron establecimientos como el Hotel Roma, la CervecerÃa El Barril en Ingeniero La Cierva, El Telescopio o el Restaurante Vasco- Andaluz.
ValentÃn decidió hacerse independiente con El Caleta. Cambió por completo el establecimiento incluyendo el nombre. Garay lo habÃa llamado de una forma muy original El Sin Nombre. GarcÃa Calzado decidió bautizarlo como El Caleta aunque de alguna manera conservó el espÃritu del anterior establecimiento porque el barco que se reproducÃa en el bar fue bautizado asÃ: Sin nombre.
Las obras de adaptación fueron realizadas por un equipo de albañiles a cargo de Ramón DomÃnguez Mompell. Eduardo Lumpié, profundo conocedor del Cádiz de la posguerra, señala que la inauguración fue todo un acontecimiento y hasta Pepe el del Vapor fue a contemplar en persona la réplica de uno de los barcos que cruzaban la BahÃa. Era todo un prodigio de obra de carpinterÃa y se convertirÃa en la barra más original de la ciudad. ValentÃn GarcÃa Calzado se mantuvo en la gestión del bar, junto a sus hermanos, hasta su fallecimiento, hace pocos años.
Pascual Castilla es uno de los maitres más conocidos de la provincia de Cádiz. A sus 60 años recuerda con especial cariño sus comienzos en la profesión. TenÃa 14 cuando entró en El Caleta como ayudante de barra. Era uno de sus primeros trabajos después de haber servido dulces en la pastelerÃa La Mallorquina de San Fernando y en otro establecimiento de la ciudad. La vida de este joven estaba por completo dedicada al bar. ValentÃn GarcÃa era de La Montaña, como se les llama a los empresarios llegados a Cádiz desde Cantabria. Una de las costumbres del local era que los jóvenes ayudantes tanto de cocina como de la barra se alojaran en la primera planta del inmueble, cuando no estaban trabajando en el bar.
Por decirlo de forma gráfica Pascual señala que «estábamos internos, sólo ibamos a nuestras casas una vez por semana». Destaca que «el bar funcionaba a las mil maravillas. No se paraba de trabajar y el equipo estaba compuesto por gente de mucha categorÃa». Pascual Castilla formaba parte del equipo de Juan Vázquez Cuesta, durante 40 años encargado del local, hasta que se jubiló. Era «un gran profesional. Estaba siempre en su sitio», recuerda el maitre gaditano.
La clientela era principalmente gente «del muelle» y los turistas que llegaban en los barcos, aunque «todo Cádiz se acercaba para probar nuestras gambas al ajillo (ver receta aquÃ), las mejores que se hacÃan por entonces en la ciudad». HabÃa todo un ritual con las gambas al ajillo. Pascual recuerda que cada dÃa se recogÃan en el muelle pesquero varias cajas de marisco. Hasta cuatro personas dedicaban toda su jornada laboral unicamente a pelar gambas. Desde la barra, cada vez que alguien pedÃa una ración se gritaba «Alberto, una de ajillo» y el jefe de cocina, que respondÃa a ese nombre, transmitÃa la orden a su equipo. Poco después, una humeante cazuela salÃa de la cocina.
Los riñones al jerez, los huevos a la flamenca o la sopa de picadillo eran otras de las estrellas de la casa. Pascual señala que los tiempos han cambiado «y que todo el descenso de la actividad portuaria y la subida del Paseo MarÃtimo como zona turÃstica y de recreo de la ciudad» fue lo que llevó a la decadencia de la Plaza de San Juan de Dios.
Que pena que se perdiera el bar Caleta!!! Lo cierto es que, en los últimos años, la decadencia de este bar era bastante grande. Aún asÃ, me queda el recuerdo de entrar en él cada semana santa. Me dió mucha pena cuando lo và cerrado y más pena aún cuando he visto lo que han montado allÃ… En fin, los tiempos cambian. Gracias por esta magnÃfica página. Saludos.
Inma, yo también tengo muchos recuerdos de ese bar y me gustan los mismos platos que tú citas. Recuerdo perfectamente la tortilla que estaba jugosita y muy buena y las gamba al ajillo son un plato que recuerda todo el mundo. Un saludo.
Que buenos recuerdos de niña en el Bar Caleta parecia un barquito anclao en la tierra que habia llegao hasta la laza san juan de dios y alli perduro aunque no para siempre…ya ves mi abuelo siempre me llevaba alli,que buenas tortillas de papas y que buenas las gambas, de lo mejor que ha tenio Cadiz, Bar Caleta te echamos de menos….