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El atún en hora y cuarto

Publicado el Miércoles, Mayo 2, 2012 por Cosas de Comé

La conservera La Chanca abre el viernes el museo del atún de Barbate en el que mostrará la historia de las almadrabas y el atún, su relación con la población y permitirá asistir en directo al ronqueo de las piezas

Exterior del museo del atún situado en el polígono del Olivar a la entrada de Barbate. El edificio también aloja una tienda de la firma. Foto: Cosasdecome

Texto: Pepe Monforte

Las entradas se pueden sacar ya a través de la página www.museodelatun.com. Los que quieran visitarlo podrán sacar su entrada desde su casa, tecnología de última generación para mostrar una técnica de pesca de más de 3000 mil años.

La Chanca, la conservera de Barbate de la familia Gómez, abre el próximo viernes su museo del atún, unas instalaciones que ocupan toda la planta baja del edificio que la empresa tiene en la puerta del polígono del Olivar, a la entrada de la ciudad.

En hora y cuarto el visitante lo conoce todo del atún y hasta se toma una tapita. El objetivo era resumir en este tiempo y de forma amena toda la historia de la relación entre este pez que puede llegar a pesar más de 400 kilos y Barbate, la capital mundial del atún hasta donde acuden cada año los consumidores más exigentes de su carne, los japoneses, para hacerse con los mejores ejemplares.

El reto lo asimiló una joven empresa de Barbate, “Hoko decoraciones artísticas”, una firma liderada por Francisco Jesús Alvarado, un barbateño de 37 años que se ha encargado de realizar el proyecto museístico en coordinación con la familia Goméz que, según señala Alvarado “ha aportado muchísimas ideas y ha trabajado con nosotros codo con codo”.

Francisco Jesús Alvarado con barbas en primer plano juntoa a su equipo. Foto: Cosasdecome

Alvarado tiene ya una amplia experiencia artística y es especialmente conocido por sus trabajos para las agrupaciones del Carnaval de Cádiz. Este año se ocupó de la escenografía de la comparsa “La Serenísima” y en el año 2008 ganó la “aguja de oro”, un premio de gran prestigio en la fiesta, por el trabajo que realizó con otro grupo “Los Mendas Lerendas” en cuya ejecución empleó precisamente latas de conservas.

Las visitas están diseñadas para un máximo de 20 o 25 personas y se pueden realizar en inglés y en español. En principio están programadas para casi todos los días, incluidos domingos y festivos, evidentemente. El público espera en una antesala donde se le anuncia lo que va a ver. Ya hay música de fondo. La azafata, cuando están ya todos los visitantes abre las puertas del museo y por un momento parece que se han trasladado al fondo del mar. Todo es azul. Por el sistema de audio, también de última tecnología, los sonidos del mar se escuchan por todas partes. Primera parada. La historia. El origen de las conservas en las civilizaciones fenicias y romanas.

Los visitantes siguen sumergidos en el mar y en la segunda estancia del museo disfrutan de una visión sorprendente, como se ve una almadraba desde debajo del mar, como si ellos mismos se hubieran convertido por un momento en atunes. En el techo de las instalaciones los cascos de los barcos y un enjambre de redes, en las que queda atrapado el pescado, y que han sido traidas desde una almadraba de las de verdad.

Aqui se explica como funciona este método de pesca milenario, su caracter ecológico y las técnicas que se utilizan para capturar a los atunes en el momento en el que su carne tiene mejores cualidades desde el punto de vista gastronómico, cuando se han sobrealimentado para realizar un largo viaje que les lleva del Atlántico al Mediterráneo para culminar su proceso de reproducción.

Asi se ve el "fondo de una almadraba" dentro del museo. Los atunes están hechos a tamaño real de material plástico. Foto: Cosasdecome

 

 

La azafata transporta a los visitantes a otra estancia. La luz cambia y los asistentes entran en “el saladero del Té”. La idea es reproducir como eran las técnicas de salazón del pescado. Se hace recreando como sería el sitio donde el abuelo de los Gómez, Pepe Gómez Ureba, se afanaba en preparar las sardinas arenques, uno de los productos estrella de la Posguerra española y que constituían la comida de muchas personas con un trozo de pan…y mucha agua, “porque aquello necesitaba agua” bromea Pepe Gómez, el hermano mayor de los actuales gerentes de la empresa.

En esta estancia también se invita a los asistentes a un juego y es que ellos vayan haciendo su propio ronqueo del atún colocando en un gran atún colgado del techo y completamente vacío por dentro las diferentes partes de este que se encuentran en un “saladero”, el recipiente donde se echaban los trozos para comenzar la salazón. “Queremos que haya mucha interacción, que sea una visita en la que la gente participe” señala Antonio Gómez, responsable de comercialización de la firma y de todos los aspectos relacionados con la cada día más importante relaciones “virtuales” de la empresa. El se ha encargado de dirigir la confección de la página web que controlará todo el desarrollo del museo.

Maqueta de una fábrica de conservas y salazones

La guía abre una cortina, que ha permanecido cuidadosamente cerrada “para no entretener la vista” destaca. Ante las personas se sitúa una maqueta de más de 30 metros cuadrados que reproduce una fábrica de conservas y salazones. La idea es que los visitantes vean facilmente como funciona. En barro se han reproducido las figuras de los trabajadores y la maquinaria que se emplea y así se va viendo como funcionan las tres patas de producción de la conservera: las salazones, los ahumados y las conservas.

Pero queda todavía la última parte, la más vistosa. Con estrictas medidas sanitarias, ya que los atunes que se despiecen se utilizarán luego para la fabricación de conservas, se asiste al “ronqueo” de un túnido. Se le conoce así por el ruido que hacen los cuchillos al encontrarse con las espinas del pescado. En poco más de 10 minutos un especialista es capaz de desmenuzar un atún entero en más de 30 trozos de pescado, cada uno con una utilidad diferente. Practicamente se utiliza todo, desde el corazón del atún, muy apreciado para comer a la plancha, hasta los lomos utilizados para la mojama o la facera, el equivalente a la carrillera de las vacas y que da un estupendo resultado en guisos de larga cocción.

La visita finaliza en la propia tienda de La Chanca donde se ofrece una degustación de tres productos de la firma: una conserva, una salazón y un ahumado o un ejemplo de las última generación de productos que se están haciendo en la población como patés o guisos marineros ya listos para comer. La entrada se lanza a un precio de 4,5 euros, incluida la degustación con bebida y ofertas especiales para colegios  o niños.

Conservas con alma y 300.000 euros de inversión

Pepe Gómez, el tercero de los Gómez, y que se ocupa de la parcela económica de la empresa señala que “la idea es no limitarnos sólo a vender conservas y salazones, sino hacer comprender a las personas que las adquieren que detrás de lo que se están comiendo hay todo un mundo apasionante y lleno de historia. Una persona, cuando sabe lo que se come, aprecia mucho más el producto y esto es lo que queremos, además de intentar poner un granito de arena al desarrollo de la ciudad que entre todos debemos lograr transformar en el sitio de referencia del atún”.

Por lo pronto, el proyecto ha significado la creación de 3 nuevos puestos de trabajo, que se unen a la treintena que ya tiene la empresa en su fábrica en Barbate y en las tiendas repartidas por esta misma ciudad, Chiclana y Conil. La inversión ha sido de 300.ooo euros, el 50 por ciento subvencionado por El Grupo de Desarrollo Pesquero del Estrecho, una entidad coordinada por la Junta de Andalucía y que con fondos europeos, trabaja por el desarrollo y la búsqueda de nuevas vías de desarrollo económico en estas poblaciones tradicionalmente ocupadas en la pesca.

La que se pone en marcha ahora es la primera fase del proyecto. La idea de la conservera es fortalecer el museo para convertirlo en un lugar perfecto para entrar en el prometedor mercado del turismo gastronómico, uno de los sectores más en boga en la actualidad. De hecho La Chanca ya está colaborando con otras empresas de la provincia en el desarrollo de paquetes conjuntos que incluyan la visita al museo. Así la firma Compuertas ya ha incluido la visita al museo en un programa que llevará a cabo en mayo y junio y que incluye también una comida en torno al atún de almadraba en el restaurante El Campero, además de un desayuno con lomo en manteca en la legendaria Venta Pinto.

Antonio Gómez señala que “nuestra intención es seguir profundizando en líneas de colaboración con otras empresas de la zona para potenciar las visitas”. En este campo también trabajan ya en visitas para colegios y para colectivos varios. Su idea es que el museo esté abierto todo el año y se convierta en un atractivo turístico más de la población.

De hecho el Ayuntamiento de Barbate ha incluido ya su difusión dentro de las actividades que se realizarán en la ciudad este año en mayo con el objetivo de lanzar a Barbate como “La Costa del Atún Rojo”. Las actividades comenzarán precisamente el mismo día que empieza la actividad del museo, el día 4 de mayo, y están previstas exposiciones, juegos, concursos de recetas y hasta una ruta de la tapa que tendrá lugar los fines de semana en la localidad. La fiesta terminará con la V Semana Gastronómica del Atún que se celebrará en el recinto ferial del 24 al 27 de mayo.

Los hermanos Pepe y Antonio Gómez a las puertas del Museo. Foto: Cosasdecome

 

 

La empresa La Chanca se fundó a mediados del siglo XX por parte de los hermanos Pepe, Paco y Diego Gómez, en unión de otro grupo de pequeños empresarios. Posteriormente ya pasó a manos de los hermanos Pepe y Paco, que se mantienen como propietarios en la actualidad, aunque ya están jubilados.  En principio se dedicaron a las salazones de pescado. Ya en el año 2000, y tras la incorporacón a la empresa de sus hijos, los hermanos Antonio y Pepe Gómez y su primo Pepe, la firma de un importante salto al incorporar una línea de conservas que luego se ha completado con una tercera de ahumados.

En el año 2008 la fábrica se traslada al polígono del Olivar. Su producción se vende mayoritariamente en España y con un importante desarrollo en la zona de Levante donde uno de sus productos estrella son los boquerones de Barbate fritos y metidos en conserva. En la actualidad también exportan a Estados Unidos y algunso paises europeos.

 

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