Texto: Pepe Monforte
La perdiz roja, la más apreciada por su carne, está ahora en plena temporada de caza en la zona de Medina. Es una de las especialidades del bar Cádiz. La preparan en escabeche, en unas salsa de vino fino de Jerez y almendras bautizada con el nombre de doctor Thebussen y con propuestas más modernas como un patĂ© o una salsa de chocolate. De todos modos las recetas de más Ă©xito, como las que se elaboran con cola de toro, con conejo y pollo de campo o con venado, tienen ya más de tres dĂ©cadas y se mantienen intactas como las dejaron Eloisa Castro Astorga y Marina Borrego Torres, la abuela y la madre del actual propietario, Antonio Valiente Borrego. Es el largo vuelo del bar Cádiz (Plaza de España nĂşmero 13. TelĂ©fono: 956410250) fundado hace justo 50 años y que en estos dĂas está especialmente animado al estarse en plena temporada de caza que se prolongará hasta diciembre.
“AquĂ te puedes encontrar desde unos señores de Alicante que vinieron expresamente ayer a comerse un plato de rabo de toro, hasta cuatro señoras de Medina que a finales de la tarde se sientan en el comedor a tomarse una copita de vino dulce mientras charlan. Todo es compatible y ahĂ está la clave. No podemos perder de vista nuestros orĂgenes, ni dar la espalda a los nuevos tiempos”. Son palabras de Antonio Valiente Borrego, el gerente del Bar Cádiz. Es de esos empresarios que “los huele”, de los que tiene un don innato para observar mucho, captar la idea y ser capaz de adaptarla a su negocio, un bar de Medina que ha heredado de sus padres.
Hace dos años decidiĂł que el bar Cádiz volvĂa a los platos blancos, a los de toda la vida, redondos, fuera los cuadrados y, eso sĂ, más grandes que los de loza que se utilizaban en las ventas hace poco más de 10 años. “Un inglĂ©s que estuvo aquĂ comiendo me dijo la decoraciĂłn de un plato es lo que lleva dentro y eso hay que resaltarlo. AsĂ que cogĂ, quite los platos que tenĂa, que eran muy vistosos y volvĂ al blanco. La verdad es que unos buenos espárragos trigueros revueltos, de esos que se cogen por aquĂ, son suficientemente bonitos como para necesitar un plato de diseño”.
Tiene muy claro que el Bar Cádiz, que este año cumple cincuenta años desde que lo cogiera su familia, tiene que mantener su encanto de bar de pueblo. Situado en la plaza de España, en el mismo centro de Medina es, a la vez, lugar de culto gastronĂłmico para muchos visitantes, como La Duquesa o El Duque, los otros dos valladares de la cocina de Medina, pero, de la misma forma, sigue siendo el centro de reuniĂłn de la localidad. “AquĂ viene desde el agricultor que se toma una copa de brandy para empezar el dĂa, hasta el de la oficina que se toma un bollo de pan por la mañana, el alcalde que baja a tomar cafĂ©, el extranjero que se come dos tapas en la terraza o el que viene a probar nuestras perdices o nuestro conejo de campo. Todos tienen cabida y asĂ ha sido durante muchos años.”
La historia comenzĂł en 1948. Manuel Valiente Castro volvĂa de la mili. TenĂa poco más de 20 años. Antes habĂa trabajado en la hostelerĂa y en el mismo bar Cádiz. No se sabe muy bien del año de su fundaciĂłn, aunque ya existĂa en la primera dĂ©cada del siglo XX. Cuando Manuel lo cogiĂł lo tenĂa otra familia emblemática de la hostelerĂa, Los Lucero, los que hoy en dĂa tienen el mĂtico bar de Cádiz. El establecimiento era entonces el tĂpico local con una barra a la que los lugareños acudĂan a tomarse una copa o el anĂs de por las mañanas. La Ăşnica actividad que se hacĂa en las cuatro mesas que estaban junto a la barra eran interminables partidas de cartas.
Manuel Valiente seguĂa la estela de los gallegos que venĂan Cádiz a montar negocios y que tras graduarse de la mili aspiraban a negocio propio. El hizo lo mismo a pesar de ser de Medina y le ayudĂł su madre Eloisa Castro Astorga. De sus manos saldrĂan los primeros guisos que se pusieron en el bar. Cosas sencillas: una carne guisada en adobo, una carne mechá y unos pajaritos que le traĂan a Manuel. Poco a poco se fueron añadiendo a la carta especialidades. Que si un dĂa traĂan unos conejos de campo y Eloisa los guisaba, que si otro alguien aparecĂa con unos manojos de espárragos y asĂ se iban haciendo conocidos en el pueblo.
En los años 60 se incorpora también a la cocina Marina Borrego Torres, la esposa de Manuel y madre del actual propietario Antonio Valiente Borrego. El bar ya va adquiriendo alguna fama y en los años 70 Manuel da el verdadero espaldarazo a la popularidad de su establecimiento cuando organiza “la conejá”.
Antonio señala que la idea de su padre era crear una fiesta importante en el Verano que atrajera gente a Medina al igual que ocurria en otras poblaciones con las sardinadas o la fiesta de la parpuja en Chiclana. La primera ediciĂłn, que tuvo lugar en una zona acotada del parque de El Caminillo, trajo hasta Medina a Antonio MachĂn que actuĂł una noche ante la expectaciĂłn de los meinatos y visitantes. La entrada incluĂa un singular “catering” para los asistentes. Cada uno recibĂa un plato de conejo en salsa, un bollo de pan, media botella de fino Barberá de Chiclana y un alfajor de Medina como postre. En el local se establecĂan unas mesas donde la gente se podĂa sentar, aunque la raciĂłn de conejo y el acompañamiento lo tenĂan que recoger en la barra. Luego baile, aunque uno de los asistentes habituales a aquellas convocatorias, pastelero en la actualidad, señala que “los deos los llebavamos un poquito pringosos porque lo suyo era comerse el conejo a pellizcos, sin tenedor. La verdad es que eran unas fiestas inolvidables”.
“La conejá” se convirtiĂł en una fiesta importante para Medina y por allĂ pasaron, entre otros, para actuar los Morancos en sus comienzos. Antonio destaca las condiciones en que se hacĂan entonces las cosas: “Lo de catering de hoy en dĂa, no existĂa. AsĂ que mi madre guisaba una olla de conejo impresionante y se bajaba caliente hasta el parque para que se repartiera entre los asistentes”.
El Bar Cádiz era el que daba practicamente todos los convites de boda de el pueblo. Aunque, eso sĂ, entonces no habĂa comidas, sino desayunos a base de cafĂ©, dulces de la cercana pastelerĂa de Sobrina de las Trejas y sus buenas copas de “coñac”, que era como por entonces se conocĂa al brandy de Jerez.
Antonio Valiente se confiesa un enamorado de los vinos de Jerez. Los utiliza en muchos de los guisos de la casa, como hacĂa su madre. En los años 80 ya el bar Cádiz abre nuevos comedores y comienza a desarrollar una actividad más clara como restaurante “aunque sin perder nuestra esencia, que es la de una venta de pueblo, aunque teniendo en cuenta que estamos en el centro de la ciudad, con sus cosas buenas y malas, pero que nos dan personalidad”.
Por entonces Antonio empezaba sus primeros pinitos en la hostelerĂa. Ayudaba a sus padres a fregar los platos y cuando habĂa bulla pues atendĂa la barra o echaba una mano en la cocina. Luego estudiĂł Magisterio, aunque los fines de semana trabajaba en el bar. Finalmente se dedicĂł a la labor docente, aunque a principios de los 2000, cuando su padre decidiĂł jubilarse, optĂł dejar su trabajo y se incorporĂł a la direcciĂłn del establecimiento familiar: “Primero pensĂ© en probar un año, pero es que a mi esto me gustaba mucho, asĂ que finalmente decidĂ quedarme y aquĂ estoy”.
Antonio ha decidido reforzar la labor gastronĂłmica del bar Cádiz. Ha reformado los comedores. Ahora hay cuatro disponibles: dos en el piso bajo, uno en una planta superior y la terraza situada en la plaza de España que se llena todos los fines de semana tanto al mediodĂa para tapear como por la tarde cuando la gente se sienta en el bar para pedir cafĂ© con los papelones de dulces de la pastelerĂa cercana.
En el Bar Cádiz el pan que se sirve es de telera. Lo compran en Paquirri, una panaderĂa situada justo al lado y los picos son tambiĂ©n del pueblo. La utilizaciĂłn de este pan anuncia las caracterĂsticas de este restaurante que cumpliĂł, en el pasado mes de abril, 50 años de vida. Es la cocina de La Janda que plasmara un dĂa de forma cientĂfica y espectacular el libro del centro cultural “El Alcaucil” de Paterna con sus “guisos populares de La Janda interior”.
Es tambiĂ©n la cocina “en salsa” en la que se meten rabos de toro, perdices, venados y otras especialidades de caza. Antonio Valiente señala que muchas de las personas que acuden a su establecimiento desde otras localidades o desde los hoteles del Novo, que para el, han sido fundamentales en el desarrollo turĂstico de la zona, vienen buscando esos tipos de guisos que no encuentran en otros lados. AsĂ Javier Costilla Moguel, de 29 años y cocinero del Bar Cádiz, sigue desarrollando las recetas que le enseñaron a hacer la madre y la abuela de Antonio Valiente. No es cocinero de escuela. Desde los 13 años está en el bar y allĂ ha aprendido todo lo que sabe de cocina.
Javier borda guisos como el rabo de toro, una fórmula que se cuida como una joya en el bar. Se utiliza “siempre que haya existencias”, rabo de toro de verdad que le traen fresco al bar desde Madrid. Luego todo se consigue con una cocción larga en una salsa muy sencilla: cebolla, pimiento verde, aceite de oliva, un chorreón de vino fino de Jerez y un “majao” de pan frito, ajo y almendras. Para acompañarlo “patatas fritas, pero bien gordas, porque eso es lo que quiere la gente”, señala Antonio Valiente.
La cocina “en salsa” sigue siendo la estrella del comedor. Las perdices en escabeche, al doctor Thebussen o en salsa de chocolate triunfan junto al pollo y al conejo de campo guisados, aunque Antonio señala que hacemos “algunas cosas” nuevas, pero sin perder la esencia. Con los espárragos estamos haciendo unas croquetas que tienen mucho Ă©xito junto a otras que hacen de calamares en su tinta. TambiĂ©n estamos haciendo algunas ensaladas un poco más modernas y poniendo la perdiz en patĂ© “pero tratando de que estos nuevos platos se hagan con el sello de la zona. En la carta sigue la sopa de picadillo y la ensalada mixta de lechuga, tomate y cebolla”. De todos modos junto a la cocina de las salsas, en la barra triunfa tambiĂ©n la tapa de toda la vida y Antonio reconoce que en la terraza, al igual que en otros muchos lugares, triunfa la ensaladilla y los pimientos asados con melva…que tambiĂ©n tienen su encanto.
El domingo estuve allĂ con unos amigos y nos decepcionĂł bastante. SĂłlo habĂa dos camareros (bastante antipáticos por cierto) para el restaurante y una sala con unas 6 mesas que está fuera del restaurante, por lo que, sobre todo la bebida, la tuvimos que pedir varias veces con el consiguiente enfado del camarero que nos insistĂa en que estaba sĂłlo Ă©l para las bebidas y que no daba a basto. No entiendo que un restaurante con esa afluencia de gente tenga a dos camareros para servir todas las mesas. La comida estaba toda sosa y con poco sabor, excepto las mollejas de cordero. Para no repetir.