Lugar: Pensión Ana Mari (Calle Los Mártires numero 1, esquina con plaza de la Constitución. Teléfono: 956460043) en Villaluenga.
DÃa del hallazgo: 12 de febrero de 2011.
Tapatólogos descubridores: José Manuel Benitez Ariza y Mari Angeles Robles, tapatólogos de la demarcación de Puerto Real.
Apartado cientÃfico: CroquetologÃa. Estamos ante una de las ciencias “madre” de la tapatologÃa. Se han dado casos de “extasis croquetÃstico” incluso en algunos estudiosos tras probar ejemplares de categorÃa estelar. Es una ciencia al que algunos atribuyen cierto caracter mÃstico, aunque a diferencia del monje, el croquetólogo no es “contemplativo” sino “jamativo” ya que se come todos los ejemplares de croqueta que se le ponen por delante. Una buena croqueta del puchero, señala el manual del perfecto croquetólogo, puede llevarte al nirvana en dos bocados. No debe confundirse nunca al croquetólogo, estudioso de la croqueta, con el croquetero, persona que acude a los convites con la finalidad de ponerse hasta arriba de este manjar de dioses sin aportar pecunio alguno. El buen croquetólogo acude a las “fuentes” con espÃritu crÃtico analizando texturas, presencia de huevos batidos, panes rallados y detectando las cualidades de los tropezones interiores de las croquetas, su profunda vida interior. La croquetologÃa se subdivide asimismo en tres grandes apartados: La Bechameltosis (estudio de las croquetas con bechamel con especial detenimiento en las de jamón) la croquetopucherologÃa (estudio de las croquetas del puchero en sus varieadades de rellenas de carne o de pollo) y la fantasicroquetologÃa o nueva croqueterÃa aplicada que atiende a los nuevos fenómenos croqueteriles con rellenos muy imaginativos y, en ocasiones, tremendamente horteritos. En este caso estamos ante un caso sobresaliente de croquetopucherologÃa.
Narrar el primer bocado es difÃcil. Primero te crujen en la boca, fruto de la magia divina de la conjunción del aceite de oliva, el pan rallao y el huevo batido. Pero luego, cuando los dientes han cercenado la coraza croqueteril y penetran certeros en su interior, la esponjosidad de la masa te inunda la boca. Son delgadas y caen en dos bocaos por unidad. Por dentro se dejan ver los tropezones, minúsculos, de carne de pollo y unos toques de perejil, nada más. Eso, y un elegante saborcito de nuez moscada, el toque maestro de Ana Barragán Gutiérrez, 78 años, e inventora hace ya más de 45 años de esta maravilla. Fue allá en el Casino de Villaluenga, el primer bar que regentó la familia. Ahora, su hija, Ana MarÃa Franco Barragán las hace, con la misma fórmula, igual de buenas. Cada dÃa lÃa una buena fuente, una a una, nada de máquinas. Señala que las hace a ojo “y no sé cuanto lo pongo de casa cosa, pero el 80% es pollo”. Eso sÃ, todo va muy picaito. Las croquetas se sirven, todavÃa quemando, en medias raciones o raciones enteras y también, para los amantes de sensaciones únicas, acompañadas de papas fritas y huevo de campo en el mismo estado. Tanto si se toman solas como si se toman con papa frita y huevo es fundamental acompañarlas con el pan de telera de Vicente Franco, el tÃo de Ana Mari. El panidaje es para que le escriban un artÃculo en el Niuyortain. De beber te ofrecen Cruzcampo fresquita en botellÃn (vulgo, un quinto). La pensión de Ana Mari abre todos los dÃas.
Más detalles sobre este personalÃsimo restaurante de Villaluenga, aquÃ.
Vea aquà la receta de las croquetas de la Pensión Ana Mari
Otros platos de interés tapatólogico en la pensión de Ana Mari: las albóndigas en salsa, el arroz con leche.

En esta cocina, la de la pensión de Ana Mari, se frien estas inolvidables croquetas. Foto: Cosas de Comé